Optimización y calidad en el entrenamiento

Entrenar, pero innovar

Sabemos que indagando actualmente en los pasos necesarios a dar por el camino que conduce al éxito deportivo en fútbol y deportes colectivos, encontramos necesariamente la multidisciplinariedad como método de trabajo, la inmersión de las nuevas tecnologías en este como recurso, también las mejores prestaciones y recursos en instalaciones, equipamientos y materiales y sobre todo, el profundo estudio, análisis y conocimiento del propio juego, sus rasgos definitorios, sus simplicidades y complejidades.

Por ello, es necesario cada vez más, la búsqueda de nuevas formas, remedios, soluciones al fin y al cabo, a un nivel de exigencia máximo, muy elevado, a niveles de rendimiento deportivo como nunca antes se conocían: número de goles, minutos, asistencias, número de partidos, competiciones regulares, eliminatorias, nacionales e internacionales, etc. etc.

Todo entrenador profesional e incluso formativo, o al menos así debería ser en mi opinión, está obligado cada vez más, por todo lo anterior y por simple ética profesional, a buscar la optimización y la calidad de sus entrenamientos en vistas a alcanzar los objetivos previstos y mejorar el rendimiento de sus jugadores y de su equipo en el juego real.

A pesar de existir diversas metodologías del entrenamiento en deportes colectivos, cada vez más autores, técnicos y profesionales, toman por consenso que mejorar el rendimiento en el juego pasa por mejorar la calidad en los entrenamientos. Es decir, que hemos llegado a un punto en que quizás tener a los mejores jugadores no sea suficiente.
Esta calidad en los entrenamientos la podemos buscar de muchas maneras: instalaciones, materiales, jugadores, metodologías, etc. Pero si atendemos a las últimas actualizaciones en rendimiento deportivo, a pesar de existir diferentes metodologías de trabajo repito, todas ellas pasan por la máxima preparación, diseño, ejecución y evaluación de cada tarea, de cada ejercicio, que por otra parte, es lo que más puede manejar y estar al alcance del entrenador y cuerpo técnico, al contrario que condiciones materiales y económicas del contexto.
El concepto de tarea motriz en el entrenamiento ha ido cobrando importancia por tanto. Es conocido el gran análisis profundo por parte de Parlebás (2001) y con gran protagonismo también en relación con los conceptos de entrenamiento integrado y de planificación deportiva por microciclos estructurados e integrados lo planteado por el profesor Seirul-lo (1994).

Para Parlebás, P. (1981), citado por Famose, J. (1992), la tarea motora es el conjunto organizado de condiciones materiales y de obligaciones que definen un objetivo cuya realización necesita el empleo de conductas motoras de uno o varios participantes. Las condiciones objetivas que presiden el cumplimiento de la tarea son a menudo impuestas por consignas o reglamentos. Espar, X. (2001) entiende las tareas como elementos simuladores del hecho competitivo. Y en consonancia con estas dos últimas, concibo la tarea motriz futbolística como la unidad básica de planificación e intervención en el entrenamiento y/o proceso de enseñanza-aprendizaje del fútbol, consistente en la ejecución de una o varias acciones motrices simuladoras del juego real competitivo, basadas en una organización metodológica mediante la definición de pautas concretas en el contexto de una situación motriz específica, donde uno o varios participantes ponen de manifiesto diferentes conductas motrices con el fin de cumplir uno o varios objetivos motores.

Entrenamiento del Teruel, ecodeteruel.com

En un acercamiento e intento por comprender de manera más práctica y procedimental sobre el cómo sacar el máximo rendimiento a nuestras tareas motrices, diré inicialmente algo que puede parecer obvio pero que no siempre se cumple, ya sea por un mal diseño y planificación de la tarea o porque esta se desvirtúe durante su ejecución por diversos motivos, haciéndonos perder el interés principal e inicial con el que planteábamos esa tarea. Un supuesto de esto último sería la focalización por parte del técnico a la hora de realizar correcciones y feed-backs sobre contenidos y objetivos no propuestos inicialmente con dicha tarea. Por ejemplo, diseñar una tarea con el objetivo de “realizar controles orientados a portería con múltiples superficies de contacto tras diferentes tipos de envío y recepción” y aportar retroinformación relevante y constantemente al jugador sobre el tiro final a portería. Por ello, cada tarea debe responder a unas expectativas, a la consecución de uno o varios objetivos fijados previamente, mediante el desarrollo de uno o varios contenidos de trabajo o factores de rendimiento, ya sea con una u otra metodología de trabajo. Así pues, la tarea que no permita alcanzar el objetivo/s propuestos no solo no será óptima, sino que no será eficaz. Deberemos entonces analizar los motivos de este resultado: mal diseño de la tarea, elevada complejidad o simplicidad, falta de capacidad de los futbolistas, factores emotivo-actitudinales del grupo, etc.
Ahora podremos diseñar y crear nuestras propias tareas motrices con perspectivas de cumplir cada uno de los objetivos que queremos conseguir. Y, en mi opinión, debemos personalizar nuestras tareas, pues como técnicos somos y conocemos como nadie las metas que pretendemos y su justificación, incluso cabe la opción de registrarlas y almacenarlas, bien en bases de datos informatizadas o bien en un fichero de tareas, esta última mi recomendación por su utilidad y practicidad.

Los objetivos pueden ser muy diversos: técnicos, tácticos, físicos, psicológicos, transversales, teóricos, prácticos, actitudinales, individuales, colectivos, etc. Aun así, en relación a esto, presentaré y defenderé el por qué todas tareas motrices, sea cual sea su objetivo, debe llevar implícito siempre un objetivo de tipo psicológico-volitivo.
Esta sería, en mi opinión, una de las maneras con las que podemos sacar un máximo rendimiento y optimizar al máximo el desarrollo de las tareas motrices en nuestros entrenamientos, y lo que ello pueda repercutir e influenciar en los resultados de nuestra competición.
La realización de tareas en flujo, atendiendo al concepto “flow” propuesto por Csikszentmihályi (1990) sería un estado motivacional muy operativo y práctico en el cual el futbolista está completamente inmerso en la actividad que está ejecutando. Se caracteriza por experimentar una sensación de total enfoque de energía y atención, de máxima implicación con la tarea que se está realizando y de éxito en la misma. Es decir, estaríamos haciendo cada tarea en un estado de motivación muy alto, como si se encontrara en su mejor estado de forma y consiguiendo además éxito.

¿Cómo conseguir realizar nuestras tareas motrices en flujo? Aunque Csikszentmihályi indica varios componentes o variables para experimentar una sensación on flow, podemos agrupar estas en dos: objetivos-expectativas y dificultad de la tarea por un lado, y capacidades del futbolista por otro: físicas, técnico-tácticas y psicológicas. Así, la zona de realización de la tarea en estado de flujo, sería la diferencia óptima entre una variable y otra. Si observamos el siguiente gráfico lo entenderemos mejor.
Así, un futbolista con grandes capacidades pero con un nivel de dificultad de la tarea motriz o de los objetivos propuestos muy sencillos, estará fuera de la zona en flujo por un extremo, pudiendo ser la causa la desmotivación, falta de interés y atracción, etc. Por otro lado, si tenemos un deportista con pocas capacidades y le presentamos un objetivo a alcanzar muy elevado, el miedo al fracaso y el no atrevimiento pueden ser aspectos que no permitan encontrar la zona de flujo de este jugador para esa tarea. Por tanto, deberemos presentar tareas acordes entre las capacidades del jugador/es y los objetivos a conseguir con la dificultad de esa tarea, de manera coherente buscaremos con esto y otros elementos metodológicos en relación a la tarea (llamada de atención, presentación de la tarea, explicación del desarrollo de la misma, aspectos competitivos en la misma y lanzamiento de la tarea, organización del material, del tiempo, del espacio y de los jugadores, etc.).
Una vez lanzada la tarea, ¿Qué pasa si no se cumplen nuestras expectativas como entrenadores con la misma? Es decir, ¿qué ocurre si nuestro deportista/s no alcanza el objetivo propuesto? Pues bien, aquí, en mi opinión, caben dos opciones, ambas según el ámbito de aplicación. Si somos entrenadores de fútbol base, tenemos más herramientas de trabajo disponibles, puesto que podremos por un lado disminuir en ciertos momentos la exigencia, la dificultad de la tarea y en otros aumentarla según se desarrolle el proceso de enseñanza-aprendizaje o, por otro lado, podemos aumentar la capacidad del alumno, con vistas a ir aumentando progresivamente la dificultad de la tarea. Pero si estamos desarrollando nuestro desempeño como técnicos en un equipo élite, profesional o semiprofesional donde los objetivos y los resultados son unos determinados, no ocurre así ya que está claro que la opción de disminuir la dificultad de la tarea, de disminuir la exigencia en los objetivos no lo podemos modificar, puesto que el rendimiento en forma de resultados sería menor. Por tanto, aquí solo cabe una opción, la mejora del futbolista en los diferentes ámbitos de su capacidad individual como jugador de este deporte.
Todo esto, para finalizar, verá multiplicado su efecto si además como técnicos conseguimos lo que en palabras del Pr. Francisco Seirul-lo en un conversación relacionada: “al final, lo importante es que con mucha fuerza y sin ninguna duda te lo creas tú y hagas creérselo a tus jugadores, si todos creéis lo mismo, si todos creéis que lo que hacéis es lo mejor y aún encima lo hacéis bien, seréis un gran equipo”.

David Albericio

David Albericio Gallardo: Licenciado de Educación Física, profesor de Educación Física, profesor especialista de Técnica Deportiva en fútbol, Preparador Físico del CD Universidad de Zaragoza (3ª División) [dalbericio@live.com]

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