Fútbol regional, vieja escuela y realidad en altas dosis

El fútbol no siempre alcanza estelas tan altas que los ceros de la cuenta nos permitan ir en Ferrari al entrenamiento ni en jet a los partidos de fuera.

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Seguramente para muchas personas el fútbol a nivel nacional o internacional, solo tenga un escalón, ese que sale por la tele y reina en todas las casas de apuestas del país. Un fútbol, que aunque sufrido por el trabajo que les toca realizar a técnicos y jugadores se ve altamente recompensado y que para la mayoría de los mortales, es lo más cerca que puedes estar de que te toque la lotería, nacer con las condiciones y la cabeza que te permitan llegar a ser futbolista de alto nivel.

Pero el 99.9% de los hogares españoles viven una realidad muy distinta en cuanto a repercusión social y por supuesto, en cuanto a lo económico.  Las cifras que pueden quitarle el hipo a cualquiera son una utopía en una categoría en la que incluso se pierde dinero si quieres competir cada domingo.

Directivas que parecen comisiones de fiestas pidiendo por las puertas del pueblo para poder hacer frente una temporada más a la categoría en cuanto a pago de árbitros, seguros, fichas, y algún que otro sueldo en el mejor de los casos para que los jugadores tengan al menos para gasolina.

La ropa se lleva en la mochila y se lava en casa, cada uno la suya, sin un equipo de utileros ni personal de lavandería que se ocupe, los petos no siempre huelen bien al principio del entrenamiento y cuando llueve y el balón casi no rueda, nadie se refugia en el gimnasio, se sale a entrenar, se corre y se pelea con el tiempo como adversario número 12.

Los entrenadores, cada vez más formados por las exigencias del guión, están intentado inculcar valores en el juego que vayan un poco más allá de poner la pelota lo más lejos posible de la portería que defiendes con un solo toque. Además, los propios jugadores empapados por el fútbol de moda, buscan el siguiente nivel y esto ayuda a que este tipo de ligas mejoren.

Por supuesto, lo más importante aquí es el ambiente y el clima que se consiga crear en el vestuario, ya que nadie destaca a grandes pasos por encima de nadie y todos somos fácilmente reemplazables. (Siendo sinceros, cualquier jugador lo es exceptuando a Messi)

Lo obligatorio además de las espinilleras y el chándal los domingos, es quedarse a tomar una cerveza después de entrenar con los compañeros y conocerlos de tal modo que el domingo resulte más fácil y placentero irse a librar la batalla con el y partirse incluso la cara si fuese necesario.

Este es el fútbol de preferente, un hobbie a caballo entre la pasión y la ilusión por intentar llegar un poquito más arriba. Sin duda, los lunes no llenan portadas de periódico, ni mucho menos abren informativos en televisión, pero la ilusión de ver a tu hermano marcar un gol, o a un hijo con la cara de satisfacción y felicidad después de una victoria, no hay nómina multimillonaria ni apuesta deportiva que pueda pagarlo.

@futbolaragones

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