El entrenador y el árbitro

Bueno, debería comenzar por lo ya vivido…

Empecé entrenando niños con 14 años. Ahí sí que puedo asegurar, en la base, que nunca protesté a un árbitro. Ni uno de mis pocos niños a los que he entrenado puede decir que me ha visto protestar ni reprochar nada a un árbitro. Quizá la cosa se fue descontrolando poco a poco en mi camino hacia categorías más altas. De ayudante en juvenil sí que era más nervioso, no tanto cuando lo fui en 3ª división con 20 años.
El problema me llegó al entrar en la regional con 21 años como primer entrenador. Quizá por mi temprana ignorancia del porqué de las cosas o por la responsabilidad de mi puesto, culpaba directamente a los 3 de negro cuando las cosas no iban bien.

La cosa es que el número de expulsiones/amonestaciones en esos 4 años que he estado en la regional como entrenador fue bajando paulatinamente hasta, en la última temporada, y si no me equivoco, no tener ni una amonestación. Será madurez, o será descubrir cómo son las cosas en la realidad.

La sociedad, y en particular el fútbol ya que es de lo que hablo ahora mismo, tiene mucha violencia. No confundir con un juego de ir fuerte, de disputar un balón…no. Violencia pura y dura. No aceptamos nuestro error y culpamos a los de siempre. Los entrenadores, a los árbitros, los jugadores al entrenador y al árbitro, los directivos a los entrenadores, jugadores y árbitros. Y ya no digo los aficionados, creo que si relacionáis podréis llegar hasta a quién critican los aficionados.

Ahora pienso en la labor de esa figura tan criticada. El árbitro y sus jueces de línea. No entiendo porque los buscamos y los vemos como rivales, como “el que viene a jodernos la tarde”. Claro que hay árbitros “malos”. Pero no, entrenadores no. Somos los mejores todos, ¿a qué sí? Somos tan buenos y mejores que ni nos preocupamos por el estado y el bienestar de esa figura tan importante que es el árbitro. Bueno sí, nos preocupamos de ellos y les damos la mano sonrientes cuando ganamos porque ahí ha sido por nuestra culpa, no como cuando perdemos, que es por la suya.

En fin, reflexiones que dejo ahí y que se van de las ramas de lo que quiero transmitir. Con esto quiero invitaos a reflexionar sobre nuestra relación con los árbitros. No les tenemos que DEFENDER, para nada, más que nada porque en la vida el único que necesita defensa es el indefenso, y el árbitro de indefenso no tiene nada, al revés, son los más valientes y más preparados que hay en un campo de fútbol. Les tenemos que AYUDAR. Ayudar a que nuestros jugadores les respeten, ayudar a que su función se desarrolle con la máxima fluidez, ayudar sin aspavientos a no encender al hombre de la grada que va con 7 copazos y lleva 30 minutos gritándole a que no lo haga durante los 60 minutos restantes. Sí, señores… los entrenadores podemos hacer todo eso y más, como darle la mano al árbitros incluso cuando perdemos.

Yo no voy a negar que les he protestado, culpado…pero he reflexionado y he caído de bruces en la realidad. No les tenemos que defender, les tenemos que ayudar. Y los entrenadores podemos hacerlo. Vaya si podemos…

JORGE CARABALLO @caraballo14

@futbolaragones

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