¿Conocemos nuestro deporte? (II)

Escribía hace unas semanas sobre los efectos de la masificación/socialización de nuestro deporte, el fútbol, en una primera parte de este artículo (¿Conocemos nuestro deporte? (I)). Desde entonces hasta ahora he vivido situaciones que servirían para continuar ilustrando aquellas afirmaciones, sin embargo es otro aspecto que entronca con aquel el que también he continuado viviendo y que me parece más “preocupante”.

¿Se imaginan ustedes a un aficionado al ajedrez visionando una partida en un teatro sin conocer los movimientos que pueden realizar las diferentes piezas? De un lado no comprendería la parte reglamentaria y no podría juzgar los movimientos correctamente. Este desconocimiento tiene dos caras, ya que el hecho de no conocer el reglamento (en este caso los movimientos permitidos a cada pieza) también le impediría por otro lado disfrutar de todo el aparato estratégico, no pudiendo valorar lo bueno o malo que ha sido un movimiento ni situarlo dentro de una estrategia (conjunto de movimientos con un objetivo). Todo ello sin contar con que en un momento dado podría irritarse ante ciertos movimientos (un enroque por ejemplo) que le parecieran “poco lógicos” (desde la lógica de que no favorecen al jugador al que apoya, por ejemplo -subjetividad-).

Esto, que parece absurdo, ocurre. Desconozco si en el ajedrez, pero desde luego ocurre en el fútbol. El desconocimiento del reglamento por parte de aficionados, jugadores y técnicos e incluso árbitros, es mucho mayor de lo que podamos imaginar. No hablo ya de la interpretación en la que influyen múltiples factores: objetividad, posicionamiento, capacidad visual-mental, etc., sino del conocimiento estricto del reglamento antes de su aplicación.
Por una parte nos priva de comprender, planificar o ejecutar (dependiendo de nuestro lugar en el fútbol: espectador, entrenador o jugador) acciones y jugadas que a su vez generarán asociaciones, estrategias…: táctica. Por otra, facilitará la irritabilidad ante lo que creemos “no es justo”.

No vengo yo a decir que tengamos que saber todo el reglamento perfectamente (a veces ni los propios encargados de su desarrollo y aplicación se ponen de acuerdo en algunos aspectos ni lo conocen al cien por cien), pero si que hay que tener unas nociones amplias cuando uno o una se acerca a los terrenos de juego domingo tras domingo, más todavía cuando uno es prácticante o parte activa dentro de este deporte. En el caso del entrenador considero es condición indispensable.

La cuestión que colma este asunto es que inventamos nuestras propias reglas y gracias al efecto bandwagon pasan a ser “reales”. De esta manera nos encontramos a gente pidiendo falta por que dos jugadores de un equipo saltaron con uno del rival, protestando porque un jugador juega el balón en el suelo o pidiendo fuera de juego en un saque de banda, por poner sólo tres ejemplos.

Conozcamos nuestro deporte. Si queremos al fútbol, aprendamos el fútbol. Su normativa puede ser un buen punto de partida.

@futbolaragones

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